sábado, 20 de diciembre de 2008

Muñequita


Una muñequita. Eso es ella. Vestidita de azul. Recortada en un borde de la cama. Como una estampa. Mejor que una postal. El camisón se escurre de su hombro. Es de seda. ¿Su piel o el camisón? Azul como sus ojos. O así creo que eran. Los tiene cerrados. Cerrados y rodeados. Por pestañas infinitas. Largas hasta cansar. Confundidas con la oscuridad. Un tema de Vangelis. Azul como eran sus zapatos. O así me lo parecieron. Se los quité. En la esquina están. Se esconden. Asustados. Confundidos. De mi muñequita. Bocados. Le he dado bocados. En los tobillos. En el cuello. Sabe a frambuesa. Tan de carne y hueso. Tan de mentira. Mi nueva Barbie. Afición tardía por las muñecas. Me encanta jugar con ella. La adoro.Tan delicada. Tan pequeñita. Una monada.
Ay…(suspiro) Siempre se me olvida que cuando te quieren no hay que dejarles dinero en la mesita.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

El exquisito matutino



El despertador. The alarm clock. Le reveil, que dicen los franceses. Tres nombres para la misma mierda. Un sustantivo maldito. El eslabón perdido de la involución. Dichoso aparato que cada mañana me recuerda lo miserable que es mi vida e invento demoníaco que me devuelve al anonimato de mi existencia. Ojalá pudiera suprimirlo de la humanidad por arte de birlibirloque, con un golpe de varita mágica o pronunciando unas manidas palabras mágicas, haciéndolo desaparecer como si jamás se hubiera inventado, como si nunca hubiera existido. Estoy convencido que seriamos mejores personas. Seguramente Hitler hubiera amado a los judíos y no existirían las hipotecas. Y es que su amargo sonido me recuerda todas las mañanas que estoy rodeado de seres inútiles y que nunca podré ser estrella de rock. Como lo odio. Cada mañana me hace abandonar mi retiro nocturno a mundos lisérgicos donde me redimo de mis pecados diurnos. Lo admito, vivo mejor en mi realidad distorsionada. Morfeo si que es un buen camello.
Pero a las 7:15 a.m. ese mundo desaparece. Desaparece como debía haberlo hecho el despertador, que permite que el primer rayo del alba se cuele por mi ventana. ¡Lo maldigo! Y es que una vez asumida la situación no queda más remedio que abandonar el lecho y hacer frente al castigo impuesto. Pero la tortura no ha hecho más que comenzar, pues todavía queda llegar al inodoro. Porque el mundo de los sueños es muy bonito pero no intentes evacuar. Y sentado en el borde de la cama lo ves. Ese trozo de gélido pasillo que separa el dormitorio del baño y que se torna infinito. Parece infranqueable y está custodiado por un perverso aire matutino que solidifica mi aliento y me convierte en mujer. Hago un cónclave conmigo mismo para dilucidar el método idóneo para atravesar el pasillo. La elección es la misma de todas las mañanas: Sprint matutino.
Alcanzo el objetivo. Como un pato estrábico. Aún más malhumorado, aún más hastiado.

Y lo peor, es que cuando llego al baño ese cabrón con barba del espejo se ríe de mi desgracia, como todas las mañanas.

martes, 18 de noviembre de 2008

Los sabios consejos de tito Caronte vol.I


Que no se te ocurra.
Jamás lo hagas.
Nunca.
Y repito, nunca...

...te tires un pedo mientras te practican el sexo oral.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Mi bar



Existe un privilegio universal obviado por los gobiernos de las naciones que no es recogido ni por la constitución, ni por la carta de las naciones unidas, ni por amnistía internacional. Se trata del derecho inalienable a elegir y tener un bar de cabecera. Todos lo granaínos tenemos uno. Todo el mundo debería tener uno. Un bar de Moe particular, un lugar donde ir si todos los planes te fallan, un vórtice hexagonal para viajar en el tiempo donde las horas transcurran como minutos y se encuentre una mirada caleidoscópica de la vida. En definitiva, un sitio donde mandar al cuerno la charada de lo cotidiano. En la historia real cuando Superman se deprimía no huía a la fortaleza de la soledad, sino que bajaba al bar de la esquina. En mi caso en concreto se trataba de un antro que se me recordaba a la cantina de Mos Eisley. Era un cubil oscuro escondido en calle Elvira por el que desfilábamos todo tipo de criaturas extravagantes de pituitarias sensibles. Piara de desconocidos que formábamos una gran familia de 11 a 3. Entra sus paredes se reunía un bestiario particular en invierno y verano en que cabía todo, desde el mercenario que se vende al mejor postor (o mejor birra) hasta el morador de las arenas que vivía acechando hasta que apareciese alguna fémina y ¡Zas! atacarle la oreja sin compasión.
El garito no era distinguido, ni destacaba por su elegancia, y mucho menos por la galería de exuberantes hembras que lo visitaban, pero significaba un noctámbulo reducto de fraternidad entre alumbrados. Aunque se tratara de la más fría noche invernal allí siempre encontrabas el calor de una caña servida por un licenciado en la psicología de detrás de la barra y escoltada por un buen tema de los Radiohead, los Cure o que se yo. Noches que a la mañana siguiente recordabas de color carmín añejo y olor a levadura.
Un buen zumo de cebada, una absurda conversación, un exquisito hilo musical y una colección de perturbadas conclusiones no tienen precio. O si, un euro y 50 céntimos.
Y es por eso que os aliento a que os reveléis, a que reivindiquéis este derecho, a que se os conmueva el alma y os manifestéis. Gritad conmigo “¡Queremos un bar de cabecera! ¡Necesitamos un bar de cabecera!”

martes, 28 de octubre de 2008

Verdades como puños


- la gente se baja cosas del emule para no tener que pagarlas
- follar a pelo mola;y los coños rapados más.Y si juntas las 2 cosas ni te cuento
- a todos nos encanta sacarnos los mocos.Es más, nos enorgullecemos de su tamaño
- todo hombre tiene su coleccíon de porno, en uno o más formatos
- aquello de "lo siento, no escuché tu llamada" se traduce como "lo siento, pero no tenía ganas de hablar contigo"
- internet se usa para bajar cosas, leer el marca y ver porno
- nos gusta el olor de nuestros pedos
- los hombres somos simples
- las mujeres son retorcidas
- cuando decimos "es muy simpática" en realidad queremos decir:"es fea como un Critter"
- el Quijote será una obra maestra, pero es un verdadero coñazo
- los documentales de la 2 solo sirven para echar la siesta. A quien coño le importa la vida de los lemures
- el tamaño importa. Caballo grande ande o no ande
- "yo solo me fijo en el interior". Claro, del sujetador
- todos son muy socialistas, pero que no me quiten mi dvd, mi tele de plasma y mi home cinema
- se disfruta más contándoselo a los amigos que haciendo
- si no pillamos mas borracheras es por la resaca de después
- "No me importa quedarme calvo". Los cojones
- los hombres pensamos que los metrosexuales son gays que disimulan
- la mayoria aspiramos a que nos toque la lotería, vivir del cuento o que nos den la baja laboral
- a los hombres también nos gusta criticar. En vez de decir que vamos a tomar té decimos que vamos a jugar al Pro
- este post es arrogante y petulante, pero lo peor de todo es que me la suda

sábado, 18 de octubre de 2008

Norman Bates se sentaba en la fila 1


Anoche tuve un sueño chungo. Un sueño de esos expresionistas, llenos de metáforas y simbologías, que no hay manera de entender. Una cadena de unos, ceros y Gordon Gekko desfilando con la cabra de la legión por la cubierta del Poseidón con acompañamientos de Pierre Henry. Imágenes que combinan poesía y belleza, pero que no acompañan ningún sentido, tan solo el de una posible patología mental latente. Anoche mi cerebro se volvió a rebelar y comenzó a procesar galimatías al azar. Y eso que esta vez me acosté sobrio.
Dándole vueltas a la cabeza, y buscando un hecho que desencadenara ese cúmulo de majaderías, he llegado a la conclusión de que el sueño debió de ser a causa de que anoche estuve en el cine. Y además en uno normal, que desde que me puse la ADSL dejé de frecuentar los porno. Y es que aunque no lo parezca odio ir al cine. Lo odio, casi tanto como la tortilla de espinacas. Siempre que se me olvida mi aversión fílmica y voy a un multisalas me acabo levantando de la butaca enfadado con el mundo, lanzando improperios y teniendo que ser sujetado por el personal de seguridad. Soy un cinéfago empedernido que desayuna con diamantes en una taza con la forma de la cabeza de Franz Capra, pero que no soporta las salas de cine. Es una de mis excentricidades más aclamadas por mi público. Mis visitas al cine se podían catalogar como “cadenas de odio”, porque irremediablemente comienzo a odiar todo y a todos. Es superior a mí, pero la oscuridad de las multisalas desata mis más bajos instintos.
Odio a los culo inquieto, que no paran de revolverse en la butaca, incómodos en cualquier posición, como si hordas de lombrices sin domesticar colonizaran sus anos, y que acaban dándote una patadita en la parte baja de la espalda, soliviantándote como a un Wookie que pierde una partida del holojuego Dejarik.
Odio a los que confunden una sala de cine con un camping, que acuden a ver una película con todo tipo de viandas, como en los cumpleaños.
Odio a los malditos niños, que hartos de la cháchara existencialista de Batman no hacen más que pedirle al padre el Power Ranger, o muñeco de moda de turno que tengan los crios actualmente, olvidado en casa. Aunque sostengo que en este caso la culpa no es de los padres, sino de Herodes, por incompetente.
Odio a los que van a ver una película y no se informan mínimamente sobre ella. Claro, luego llegan las desesperaciones y aburrimientos, y con ellos los resoplidos y el hastío, y con el los comentarios improcedentes, y así en una larga cadena de incordio al prójimo.
Odio a los aprendices de brujo, que tratan de adivinar en voz alta lo que pasará en la siguiente escena. Gracias de corazón al que adivinó que Bruce Willis estaba muerto.
Y sobre todo, y por encima de todas las cosas, odio a los que alteran el orden natural de los procesos fílmicos. En la entrada del cine deberían repartir panfletos en los que se explicara que primero se ve la película y luego se comenta, no al revés ni a la vez. El cine fue concebido así y no creo que los hermanos Lumière tuvieran en mente otra manera.
Y así podría seguir ad infinitum, con esta diatriba de rencor, cargando contra público, acomodadores y hasta contra Oliver Stone.
Mi pareja me achaca que soy demasiado quisquilloso, y me espeta que con tan mal humor e inquina no llegaré alto, no destacaré en nada. Pero me da igual lo que diga, yo tengo un podium en casa y soy el primero cada vez que me da la gana.

lunes, 6 de octubre de 2008

Palabra de Constantino


Maldito Constantino Romero. Que sabio es el jodio. Que visionario. Cuanta razón tenía cuando llamó a aquel programa dominical El tiempo es oro. Yo estoy convencido de que ese nombre no se lo puso por casualidad, sino que intentaba abrirnos los ojos a los mundanos telespectadores. Un hombre que luce un bigote con esa elegancia no puede dejar ese tipo de cosas al azar. Y es que el maldito tenía razón. El tiempo es un bien inmaterial que se escurre de entre las manos como la arena, sin poder sujetarlo, como el mercurio de un termómetro roto. Por mucho que nos empeñemos en intentar agarrar las bolas estas se deshará en cientos de miles de bolitas microscópicas, que como por arte de magia desaparecen hasta su dimensión favorita. Ya podemos aburrirnos de desear que las cosas no cambien, que es imposible parar el reloj. Avanza, y el bar que tanto nos gusta acabará cerrando, y el colega con el nos pegamos las juergas se terminará casando. Puedes querer ser como Bill Murray, pero solo eres un pringado que escucha a Charles Mingus mientras desea bobadas frente al word. Y rabia me da no haberme dado cuenta hasta ahora. ¡Cómo no le hice caso a un tipo que le presta la voz a Darth Vader y Terminador…! La verdad es que ya hace tiempo que me percaté de este asunto, pero siempre he sido un tipo de digestiones lentas. Y claro, como no podemos detener el lapso temporal que queremos ni detener la supuesta maduración pues no te queda más remedio que claudicar y buscar pareja y formar familia y todas esas zarandajas ¡Joder! ¡Con lo feliz que soy yo con mi Playstation, mis borracheras sucias y mi pijama de franela con agujeros! El efecto dominó se desencadena, y las fichas van cayendo por su propio peso. Una tras otras, una tras otra… Y la gente empieza a mirarte mal por ser un soltero con camisetas de spiderman. En determinados círculos no comprenden que el sexo con otras ya no me divierta. A mi mano no tengo que invitarla a cenar para tener sexo. Si Constantino supiera que la última chica con la me acosté calzaba la mesita de noche con un ejemplar del diario de Ana Frank seguro que irrumpía con su mágnum 44 gritando “Venga, alégrame el día”.
Quizás esta negación ante el compromiso se deba a que mis relaciones han sido un completo fracaso. De hecho habitualmente tengo pesadillas recurrentes con mis exnovias saliendo unas de dentro de otras como esperpénticas matriuskas.
Cada día estoy más convencido de que vivimos en un universo solitario, inhóspito, miserable y desagradecido, pero que le vamos a hacer, siempre nos quedaran Sgt. Pepper.